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LA IMPORTANCIA DE LAS MUJERES EN EL MINISTERIO DE CRISTO

VOLVIENDO A LA SENDA ANTIGUA

LA IMPORTANCIA DE LAS MUJERES EN EL MINISTERIO DE CRISTO

En una sociedad y en una religión ultra machista como la era la de los Judíos de la época de Cristo, la mayoría de los hombres  tenían puntos de vista negativos sobre las mujeres, pero Cristo trató a las mujeres con dignidad y respeto. Él las vio no en términos de su género sexual, sino en términos de su relación con Dios. Él sanó a varias mujeres, echó demonios fuera de ellas y resucitó de los muertos a los hijos de ellas.

 “El honor y el respeto de Cristo fueron…extendidos a todas las mujeres—una actitud grandemente inesperada y desconocida en Su cultura y tiempo. Cristo, a diferencia de los hombres de Su generación y cultura, enseñó que las mujeres son iguales a los hombres a la vista de Dios”.

“Las mujeres podían recibir el perdón y la gracia de Dios. Las mujeres, al igual que los hombres, podían estar entre los seguidores personales de Cristo. Las mujeres podían tener participación plena en el reino de Dios…Éstas eran ideas revolucionarias. Muchos de Sus contemporáneos, incluyendo Sus discípulos, estaban en estado de choque emocional” 

Eran participantes muy activas desde el comienzo de su ministerio, Cristo se sentía apoyado y respaldado  de continuo por ellas, en el campo de la oración, en las finanzas, en el ministerio, en el servicio y aunque la mayoría de sus actos fueron eximidos de los relatos bíblicos, Se que tienen una gran recompensa en el reino de los cielos de parte de nuestro Dios

Ahora veamos a algunas de las mujeres en la vida de Cristo.

Elizabet

Empezamos nuestro breve estudio con una mujer cuyo rol ocurrió antes que Cristo naciera. Elizabet, esposa del anciano sacerdote Zacarías, fue notada por ser “intachable delante de Dios” y totalmente obediente (Lucas 1:6). Cuando María visitó a Elizabet, “la criatura saltó en su vientre. Entonces Elizabet, [fue] llena del Espíritu Santo” y pronunció una bendición sobre María—y sus palabras ahora son parte de la Escritura (vv. 41-45).

María, (Miriam) la madre de Cristo

La madre de Cristo dejó un ejemplo maravilloso con sus palabras: “Aquí me tienes, la sierva del Señor…que Él haga conmigo como me has dicho” (v. 38). María también fue inspirada a decir un poema de alabanza que ahora es parte de la Escritura (vv. 46-55). Una vez más, ella dejó un buen ejemplo cuando “guardaba todas éstas cosas en su corazón y meditaba acerca de ellas” (2:19, 51). Ella fue instrumental en el primer milagro público de Cristo (Juan 2:1-11). En la cruz, Cristo asignó a Juan que cuidara de Su madre, y María fue contada entre los discípulos después de la resurrección de Cristo (Hechos 1:14).

Ana

Cuando Cristo fue llevado al templo para ser dedicado, una anciana profetisa llamada Ana “dio gracias a Dios y comenzó a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén” (Lucas 2:38). Des afortunadamente, no sabemos lo que ella dijo o cómo esparció ella la noticia.

María y Marta

Aunque los rabinos judíos decían que los hombres no debían hablar con las mujeres, Cristo contaba a las mujeres como Sus amigas. “Cristo amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Juan 11:5). En una ocasión que Cristo estaba visitando Betania, “una mujer llamada Marta lo recibió en su casa” (Lucas 10:38). Ya que Marta era dueña de una casa; ella podría haber sido una viuda. Su hermana María estaba “sentada a los pies del Señor, y escuchaba lo que Él decía” (v. 39). Pero Marta estaba ocupada preparando la comida, y le pidió a Cristo que le dijera a María que la ayudara.

Los rabinos decían que a las mujeres no se les debía enseñar la Escritura, así que María estaba eludiendo un rol típico de las mujeres para poder hacer algo que estaba normalmente conferido a los hombres. Pero Cristo no “la puso en su lugar”. Más bien, Él dijo que ella había escogido el lugar correcto en ese momento. “…Sólo una [cosa] es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará” (v. 42). El crecimiento espiritual es más importante que los deberes domésticos.

“Cristo no sintió que el trabajo de la mujer—o el trabajo del hombre, si fuera el caso— no era importante. Él no estaba diciendo que era equivocado ser diligentes y cuidadosos acerca de nuestras responsabilidades. Cristo estaba diciendo que debemos poner en orden nuestras prioridades. Las mujeres fueron llamadas a ser discípulos de Cristo, así como lo fueron los hombres, y se esperaba que las mujeres cumplieran sus responsabilidades espirituales, así como se esperaba lo mismo de los hombres” (págs. 16, 17).

En ese incidente, María puso un mejor ejemplo que Marta. Pero James Borland nota que Marta debería ser recordada también por otro incidente: “Más tarde, en otra visita de Cristo a Betania, fue Marta la que fue enseñada por Cristo mientras María se quedó sentada en la casa (Juan 11:20)…Marta dio una excelente confesión acerca de Cristo, diciendo: ‘Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo’” (Juan 11:27, NVI). (Recobrando la Masculinidad y la Femineidad Bíblicas, 118).

La mujer samaritana en el pozo

El diálogo más largo registrado que Cristo tuvo con algún individuo, fue con una mujer—una mujer samaritana. La lección que Cristo le dio acerca del agua viva, fue tan profunda espiritualmente como la lección que le dio a Nicodemo—y la mujer tuvo una mejor respuesta. A diferencia de Nicodemo, ella estaba dispuesta a ser relacionada con Cristo. Ella le dijo a sus vecinos acerca de Cristo, y muchos de ellos creyeron en Cristo “por el testimonio que daba la mujer” (Juan 4:28, 29, 39).

Una hija de Abraham

Cuando Cristo estaba enseñando en una sinagoga, una mujer que había estado encorvada por 18 años entró y Cristo la sanó (Lucas 13:10-13). El jefe de la sinagoga criticó a Cristo, pero Cristo defendió Su acción, diciendo que la mujer era “una hija de Abraham” (v. 16).

“Ante sus críticos más venenosos, Cristo públicamente mostró Su preocupación y alta consideración por ésta mujer, alguien a quien probablemente otras personas habían visto por años, pasar a través de una lucha en su aflicción cuando venía a la sinagoga a adorar a Dios. Alguien a quien ellos también podrían haber rechazado porque era una mujer y estaba discapacitada” (v. 18). Al usar la rara frase “hija de Abraham”, Cristo estaba recordando a las personas que las mujeres también estaban entre los descendientes de Abraham y eran elegibles para las bendiciones.

Juana y Susana

Lucas nos dice que varias mujeres que habían sido sanadas ayudaban a Cristo apoyándolo “con sus propios recursos” (Lucas 8:3). Éstas incluían: “Juana, esposa de Cuza, el administrador de Herodes; Susana y muchas más”. Aunque ellas probablemente estaban involucradas en la preparación de los alimentos, Lucas indica que su papel más significativo era cubrir las cuentas monetarias.

“Algunas de éstas mujeres—posiblemente viudas— tenían el control de sus propias finanzas. Fue procedente de la propia generosidad de ellas que Cristo y Sus discípulos fueron apoyados, cuando menos, parcialmente. Aunque Cristo trabajó con las tradiciones culturales del primer siglo, Él ignoró las limitaciones que habían sido puestas sobre las mujeres por la cultura de ellos. Las mujeres eran libres para seguirlo y tomar parte en Su ministerio al mundo”.

Mateo 27:55, 56 también menciona que “muchas mujeres…habían seguido a Cristo desde Galilea para cuidar de Sus necesidades. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo (Marcos 15:40 reporta que su nombre era Salomé). Lucas 23:27 reporta que muchas mujeres de Jerusalén lo seguían después de Su arresto, y Él se volvió a ellas y les enseñó, diciendo que incluso peores tiempos vendrían para Jerusalén.

Una mujer con hemorragias

Mientras Cristo estaba en camino a casa de Jairo, una mujer que había estado padeciendo de hemorragias por 12 años lo tocó, y fue sanada (Marcos 5:22-29). Ella tenía miedo de que Cristo se enojara (los rabinos normalmente evadían a las mujeres, especialmente las impuras), pero Cristo no estaba enojado. Él dijo: “¡Hija, tu fe te ha sanado!” (v. 34) —dirigiéndose a ella con una palabra de afecto y públicamente alabando la fe de ella. Similar mente, Cristo no tuvo miedo de tocar a otra hija impura, la hija muerta de Jairo (v. 41).

María Magdalena

Lucas nos dice que María Magdalena tuvo siete demonios que fueron echados de ella (Lucas 8:2), pero María sería mejor conocida como la primera en ver la tumba vacía, la primera en llevar la buena nueva a los discípulos.

“María es casi siempre mencionada primero en la lista de las mujeres que fueron discípulos de Jesucristo. Ella pudo haber sido una de las líderes de ese grupo de mujeres que seguían a Yeshua, desde el inicio de Su ministerio en Galilea hasta Su muerte e incluso después. El Yeshua resucitado se apareció primero a ella. Es irónico que en un tiempo cuando las mujeres no podían ser testigos legales, Yeshua escogió a las mujeres como los primeros testigos de Su resurrección”.

Aunque los hombres huyeron para salvar sus vidas, las mujeres fielmente siguieron a Cristo hasta la cruz (Mateo 27:55, 56), y María se sentó cerca mientras José de Arimatea ponía el cuerpo de Cristo en la tumba (v. 61). María lideró a las mujeres que vinieron a ungir a Cristo temprano el domingo por la mañana (Marcos 16:2), y un ángel les dijo que Yeshua había sido resucitado (v. 6). Entonces, ellas contaron la nueva a los 11 discípulos (Lucas 24:10).

Yeshua se apareció primero a María (Juan 20:14), y le dijo que se lo contara a los discípulos, lo cual ella hizo (vv. 17, 18). Desde el nacimiento hasta la resurrección, las mujeres fueron una parte importante del ministerio de Yeshua.

Hoy dia la historia se repite y podemos ver en la mayoría de las congregaciones hermosas y valiosas guerreras de Dios que trabajan arduamente por amor a su nombre, y que han entregado su vida, sus bienes, sus talentos al servicio de la obra de Dios y que aunque no prediquen ni enseñen, son un pilar fundamental para la extensión de la obra del Señor Yeshua en esta Tierra.

Gracias mis amadas hermanas de New Jersey y de México, por tan gloriosa labor, oro a Dios para que conforme a sus misericordias sea bendiciéndolas y teniéndolas en un lugar muy cerquita a su corazón.

Bendiciones

Hermano carlos

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