Existe varias clases de pobreza,de las cuales nos habla la palabra de Dios,

  • 1.Pobreza mental
  • 2.Pobreza fisica
  • 3.Pobreza espiritual
  • 4.Pobreza en espíritu

 pero realmente a cual se refiere  en Mateo 5:3 cuando nos habla de los pobres en  espíritu, o en Apocalipsis 2:9 cuando habla de que Dios conoce nuestra pobreza?

En este estudio haremos la aclaración

En Mateo 5 el Señor Cristo comenzó Su enseñanza comúnmente conocida como “el sermón del monte” con una bendición maravillosa: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt. 5:3). ¡Ciertamente todos deseamos ser bendecidos de esa manera! De modo que es necesario que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿Qué significa ser “pobres en espíritu”?

¿A caso esto significa que nos damos cuenta de que somos viles y míseros pecadores que necesitan un Salvador? ¿Es acaso esta palabra para las personas que aún no han recibido la salvación? Si seguimos leyendo las palabras que Cristo dijo más adelante, podemos ver que Él habló toda esta sección en Mateo a aquellos que creen en Él. Por ejemplo, en el versículo 10 Cristo dijo: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia”. Y en los versículos 13-14 Él dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra” y “vosotros sois la luz del mundo”. Los creyentes son la sal de la tierra y la luz del mundo y aquellos que padecen persecución por causa de la justicia. De modo que según estos y otros versículos, ¡todas las bendiciones habladas aquí son para los creyentes!

Es probable que pensemos que ser pobres en espíritu significa que nuestra condición espiritual no es buena y que no tenemos nada de valor espiritual en nuestro ser. Sin embargo, Cristo dijo que una persona que es pobre en espíritu es bienaventurada. Así que, ¿cómo es posible que algo negativo resulte en que seamos bienaventurados? En realidad, como veremos en esta entrada, ser pobres en espíritu es algo maravillosamente positivo e increíblemente beneficioso para nuestra vida cristiana.

Pobres “en espíritu”

A fin de entender lo que significa ser pobres en espíritu, primero es necesario saber qué es el “espíritu”. En Mateo 5:3 podemos ver que “espíritu” no lleva mayúscula como normalmente la tendría si nos hubiéramos referido al “Espíritu Santo”. En lugar de eso, esta palabra se refiere específicamente a la parte interior del ser de una persona. Incluso, en el versículo 8 podemos ver que la frase: “corazón puro” es paralela a “pobres en espíritu, y el corazón es claramente otra parte interna de nuestro ser.

El “espíritu” al cual se refiere aquí el Señor es nuestro espíritu humano, nuestra parte más profunda. Dios nos creó con un cuerpo para tener contacto con el mundo físico, un alma para tener contacto con el mundo psicológico y un espíritu para tener contacto con Dios, quien es el Espíritu, y para recibirlo.

Así que, ¿qué significa ser “pobres en espíritu”?

No porque el Señor diga “pobres en espíritu” significa que esté diciendo que somos bienaventurados si somos pobres al no tener posesiones materiales. No, este versículo habla de las cosas espirituales. Sin embargo, ¿qué significa ser pobre de esta manera? Y, ¿por qué somos bienaventurados?

Ser pobres es estar desprendidos y descargados

En la Versión Recobro del Nuevo Testamento, la nota 2 en Mateo 5:3 dice:

“Ser pobre en espíritu no sólo significa ser humilde, sino también desprendido en el espíritu, en lo profundo del ser, sin aferrarse a las cosas viejas de la vieja dispensación, sino descargándose de todo eso para recibir las cosas nuevas, las cosas del reino de los cielos”.

Esta nota nos ayuda a ver que ser pobres en espíritu significa desprendernos y descargarnos en nuestro espíritu. Significa no aferrarnos a las cosas viejas, sino descargarnos para recibir las cosas nuevas.

Podemos ver un ejemplo que muestra lo contrario a ser pobres en espíritu en el Evangelio de Mateo. Cristo, el Dios encarnado, vino como el Salvador para introducir la era neotestamentaria. No obstante, los fariseos, expertos en la ley de Dios y en las cosas del Antiguo Testamento, se le opusieron. La ley y las cosas del Antiguo Testamento fueron dadas por Dios y anteriormente, Dios había tratado con la humanidad conforme a estas cosas. Sin embargo, en la encarnación, Dios avanzó. Ahora, en el Nuevo Testamento, Dios actúa en Su Hijo, Cristo. Los fariseos, no obstante, estaban llenos y cargados con las cosas viejas y esto no les permitía recibir a Cristo el Salvador. De hecho, se oponían a Él, pensando que servían a Dios y al final lo crucificaron.

La condición de los fariseos no es simplemente una historia para nosotros. Se registró en el Nuevo Testamento para nuestro beneficio y es muy aplicable para nosotros como creyentes.

Aunque los fariseos querían servir a Dios, intentaron hacerlo separados del hablar actual de Dios, separados de Cristo. Quizás seamos de esa manera, quizás ayer el Señor nos habló de una manera específica o tuvimos una experiencia específica de Él. Disfrutamos mucho esta experiencia, pues recibimos el suministro durante todo el día. Así que intentamos replicarla. Sin embargo, ¡cada día es un nuevo día! En vez de estar tratando de tener hoy la misma experiencia que ayer, necesitamos acudir al Señor Cristo de nuevo cada día a fin de experimentar Su hablar siempre nuevo. Así como Pablo dice en Filipenses 3:13-14:

“Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya asido; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta para alcanzar el premio del llamamiento a lo alto, que Dios hace en Cristo ”.

No solamente las cosas negativas nos detienen de nuestro andar con Cristo; incluso las experiencias positivas de Él que tuvimos el día de ayer nos preocupan y logran que nos olvidemos de “extendernos” y “proseguir” a Cristo cada día. Es por esto que es necesario que nos descarguemos, desprendamos, seamos “pobres” en espíritu a fin de que podamos recibir algo nuevo del Señor todo el tiempo.

Cada mañana podemos orar: “¡Señor , descargarme y desprendeme. Haz que deje las cosas viejas para recibir las experiencias nuevas que vengan de Ti y que hoy Tú tienes para mí!”

Ser pobres es estar desesperados por obtener más

Ser pobres en espíritu también significa no estar satisfechos con nuestra condición. No debemos pensar que “ya lo logramos, ya obtuvimos todo lo que necesitábamos obtener del Señor”. Como vimos en los versículos anteriores, incluso el apóstol Pablo, quien conocía al Señor en gran medida, no consideró que él mismo ya lo habia asido. Pablo siempre fue en pos de Cristo, añorando saber más de Él.

Vemos lo contrario de esto en la iglesia en Laodicea. En Apocalipsis 3:14-22 el Señor  los reprende:

“Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (v. 17).

Los laodiceos pensaban que eran ricos espiritualmente y no tenían necesidad de nada. Sin embargo, ante los ojos del Señor su condición era lamentable. Debido a que pensaban que lo tenían todo, dejaron de acudir al Señor. Dejaron de buscarlo y estaban satisfechos con lo que tenían y como resultado, se volvieron tibios. Puede ser que no hayan sido pecaminosos, pero el Señor no estaba contento. Es por eso que les dijo: “sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (v. 19).

¡Qué seamos guardados de ser tibios! En lugar de esto, sigamos el modelo del apóstol Pablo, quien nunca estuvo satisfecho y buscó cada día obtener nuevas experiencias de Cristo en su espíritu. Podemos orar: “ Señor guárdame de llegar a ser tibio. Dame un espíritu que busque ir en pos de Ti cada día. ¡No permitas que esté conforme con lo que tengo!”

Ser pobres es estar hambrientos espiritualmente

Ser pobres es estar hambrientos espiritualmente. En Lucas 1:53, María la madre de Cristo dijo: “A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos despidió vacíos”. Si deseamos los “bienes” es necesario que estemos hambrientos. No obstante, si venimos al Señor llenos o “ricos”, Él no nos dará nada.

En Mateo 13, el Señor  citó una porción impresionante del Antiguo Testamento y la aplicó a muchas de las personas que lo escucharon:

“De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos han oído pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y Yo los sane” (vs. 14-15).

Esto nos muestra un gran peligro. Podemos llegar a estar “llenos” espiritualmente a tal punto que ya no tengamos “apetito” o cualquier habilidad de recibir lo que Cristo nos esté hablando. Incluso, podemos escuchar Sus palabras y no “escuchar”, “ver”, o “entenderlas” realmente. Tenemos un corazón que se ha “engrosado”. Pensar que ya sabemos las cosas nos impide oír, ver, percibir lo que el Señor verdaderamente nos hablará en cualquier momento.

Por ejemplo, cuando venimos a la Palabra de Dios con el pensamiento de que ya sabemos lo que dice, ¿de qué manera el Señor puede hablarnos algo fresco de Su Palabra? Lo más probable es que conocemos las letras en blanco y negro de la Palabra, pero ¿qué es lo qué el Señor nos habla en esta Palabra? No escuchamos, vemos o percibimos, de modo que debemos orar: “Señor Cristo, sálvame; no permitas que mi corazón se engrose. No permitas que piense que ya lo sé y pierda Tu presencia ¡Dame hambre por Tu Palabra y por Tu hablar fresco!

Ser pobres es ser como un niño pequeño

Ser pobres en espíritu es también ser como un niño pequeño. Los niños pequeños son sencillos y no pueden hacer nada por sí solos. Cuando somos pobres en espíritu, reconocemos que no tenemos nada, no sabemos nada y no podemos hacer nada. Cuando venimos al Señor  y a Su Palabra, no venimos con nuestro intelecto brillante, nuestra espiritualidad elevada o habilidad excelente. En lugar de eso, venimos abiertos a Él, reconociendo que lo necesitamos y listos para recibir Su hablar y suministro.

En Mateo 11, el Señor Cristo predicó el evangelio en las ciudades de Corazín, Betsaida y Capernaum, no obstante, lo rechazaron. Luego en los versículos 25-26 Él dijo: “Te enaltezco, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó”.

Estos versículos muestran que el Padre esconde cosas de algunos. Ya sea que el Padre nos revele o esconda cosas depende del tipo de persona que seamos. Si nos consideramos “los sabios y entendidos”, es posible que leamos la Biblia sin realmente ver algo. Pero si acudimos a la Palabra como “niños” reconociendo que en nosotros mismos no somos nada, el Padre nos bendecirá y revelará cosas en Su Palabra. Podemos orar: “Padre, hazme el tipo de persona al cual deseas revelarle cosas en Tu Palabra. Nunca permitas que me considere “sabio y entendido”. Señor, muéstrame mi verdadera condición para que pueda venir a Tu Palabra pobre en espíritu”.

Porque de ellos es el reino de los cielos

Este reino de los cielos se menciona como una recompensa para aquellos quienes son pobres en espíritu. ¿Qué significa esto? ¿Acaso está refiriéndose al futuro? Si somos pobres en espíritu, ¿tenemos que esperar toda nuestra vida para disfrutar la recompensa?

El reino de los cielos no es algo que tengamos que disfrutar algún día. Más bien, ¡esta bendición es para que la disfrutemos hoy! Este versículo no dice: “Porque de ellos será el reino de los cielos”. sino que dice: “Porque de ellos es el reino de los cielos”. Al acudir al Señor y a Su Palabra pobres en espíritu, seremos bienaventurados, ¡pues podremos participar hoy del reino de los cielos!

Una manera maravillosa de responder a un versículo como Mateo 5:3 es orar las palabras de este versículo al Señor y pedirle que lleve a cabo esta palabra en nosotros. Si le pedimos al Señor que nos haga pobres en espíritu de forma genuina, ¡ciertamente llevar a cabo esto en nosotros será un placer para Él!

SALUDOS

Hermano Carlos

Medellin -Colombia